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Apego versus desapego

Hoy hablamos de apego.

A raíz de haber publicado una postal sobre el desapego que dice “El desapego es el arte de soltar”. Se han generado diferentes opiniones entre los lectores y me di cuenta que hay personas que piensan que el despego es bueno, pero otras, no tanto. Esto es lo que hoy me lleva a querer hablar del apego, y así poder entender mejor lo que es el desapego.

El apego (o vínculo afectivo) en una relación especial que un niño desde bebé establece con un número reducido de personas, pueden ser con los padres o cuidadores, y es la manera que tiene el niño de encontrar seguridad o sentirse seguro. Esto quiere decir que si un niño siente apego por sus padres, cuidadores o educadores, es algo totalmente normal y positivo. Pueden informarse más leyendo “La Teoría del Apego” de John Bowlby.

El tema entra en cuestión cuando de adultos sentimos apego. Por nuestra pareja, nuestros hijos, nuestros amigos. O por cosas materiales, como por una casa o un coche. O por lo que sea, sólo estoy intentando dar ejemplos.

El apego es dependencia.

El problema es cuando se convierte en un estado emocional de vinculación compulsiva a una cosa o persona determinadas, originados por la creencia de que sin esa cosa o persona, no nos es posible ser feliz.

¿Cómo saber si te estás apegando a algo o a alguien?

  • Si piensas que sin esa persona en particular no podrás vivir o ser feliz.
  • Al creer que si no tienes ese móvil, ese coche, ese bolso, ese abrigo, no serás feliz.
  • Si sientes que dejando tu casa, no encontrarás otra donde ser feliz. También se aplica a barrio, pueblo, ciudad, país, etc.
  • Si tienes que vender tu coche y piensas que al perderlo pierdes estatus y eso es lo que te hace feliz.

Ejemplos hay muchísimos, yo sólo intento dar algunos. Tú mismo debes pensar a qué te apegas. Lo que sí está claro es que independientemente de lo que se trate, si crees que tu felicidad depende de cualquier cosa o persona externa a ti, es apego.

El apego es posesión.

Amar no es querer, con querer, lo que quieres es poseerlo. Cuando quieres a alguien para ti, es como querer ponerle una cadena al cuello e intentar atarlo a tu lado para que te dé esa sensación de seguridad que estás buscando inconscientemente. Lo mismo sucede con las cosas materiales, esa necesidad que sientes por tener algo, es simplemente una necesidad oculta de inseguridad.

¿Hay solución a esto?

¡Por supuesto! Y es trabajar con lo que llamamos “desapego”. Y aquí vuelvo a la frase que publiqué “El desapego es el arte de soltar”. Soltar sobre todo las expectativas que tienes sobre esa persona o cosa. Soltar y trabajar la creencia de que sin “eso” no encontraré la felicidad.

El desapego no es indiferencia.

Trabajar el desapego no nos hace el corazón más duro. Como tampoco nos convierte en seres indiferentes o insensibles a los demás. Al contrario, nos hace mas sensibles, porque nos enseña a encontrar una manera sana de relacionarnos. Sin necesidad de querer poseer o controlar al otro. Sin adicciones, es decir, se trata de relacionarnos con los demás en libertad, pero libertad para ambas partes. Amar de forma libre y permitir que el otro también lo haga. Amar en libertad significa amar sin miedos.

“Todas las cosas o personas a las que te apegas y te hacen sentir que sin ellas no serás feliz, son simplemente resultados de tus miedos”.

Lo que te hace feliz no es la situación que te rodea, o lo que crees que necesitas tener para serlo, sino los pensamientos que hay en tu mente. Sólo tienes que tomar consciencia de ellos y cambiarlos.

Si necesitas ayuda, el coaching de vida es una muy buena herramienta.

Y si quieres más información sobre el Coaching Personal, te invito a que leas mi artículo ¿Coaching?

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